Muriendo por un Iphone

Posted on noviembre 11, 2010 por

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En estos días, es común decir “moriría por (introduzca producto de valor aquí)”,todos reconocemos la frase como una sátira, pues nadie en su sano juicio moriría por un producto, pues son dispensables, no son necesarios para vivir, aunque los distintos artistas que trabajen en el departamento de marketing te hagan sentir lo contrario.

En cambio, por estos días, en la manufactura de los productos más demandados y deseados por nuestra sociedad, es recurrente informarse  de continuos suicidios en las empresas productoras, abriendo el debate sobre el valor de las vidas de los empleados contra la producción misma. Es una herida abierta la necesidad imperante de llenar nuestros vacíos, pudiendo ser inexistentes, con bienes materiales innecesarios de por sí por el valor social de ser propietario por uno de ellos.

Los desechos de la aplicación del capitalismo, están causando fraguas en las sociedades. Además de tener que adaptarnos a ella, la filosofía del consumismo está provocando daños irreparables, llegando hasta el punto en que no sabemos si podemos dar marcha atrás. Es común, hoy en día, no saber quien soy, quien está al lado mío, y quien podré ser el día de mañana, pero es imperante tener lo que quiero en el menor transcurso de tiempo posible, pues el valor del producto a apropiarse me da un valor a mí.

Valores que se tranzan en la bolsa, valores con cantidades de ceros, siendo mayor el gozo la expectativa por obtener el insumo más que lo que se puede disfrutar ya apropiado de éste, y el usufructo que tendré con la mirada ajena.  Esa que tanto hablaba Sartre, esa mirada ajena que me define. Ese es el valor que buscamos hoy en día, aunque no lo comprendamos, aunque no sepamos el uso de nuestro nuevo aparato, de nuestro nuevo producto con una manzana de logo. No sabemos como utilizarlo, sus diversas funciones, su nivel de rendimiento a nivel mercado con otros productos, su vida útil, pero sé que a la larga terminaré acostumbrándonos a él.  Pudiendo lograr a conocer su real función, su espacio dentro de mí, intentando conocerme, intentando que la mirada del otro pueda lograr la catarsis e identificar en mí lo que yo busco.

Ese es el error, el pequeño error dentro de todo esto, ya que tanto la mirada del otro y la propia, ignoramos el verdadero valor del producto. Aquél que no solo cuesta dinero, sino real patrimonio: vidas. No la mía por él, no la del otro, sino la del realmente ignorado, el que no moriría satíricamente por el producto, sino principalmente por el producto.

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